Explorando el Neusa

¡Hola amigos y visitantes de este blog!

Fue aproximadamente en el mes de febrero, que con mi amigo Maicol decidimos ir a conocer un parque natural en Cundinamarca, que se ubica a las afueras del municipio de Cogua: el Parque Embalse del Neusa.

Sabíamos que ir hasta allá iba a ser un viaje largo en bus, por lo que ese domingo teníamos que salir muy temprano en la mañana, bien desayunados; y así fue. Tomamos el bus intermunicipal aproximadamente a las 6:30 a.m, desde Madrid con destino a la capital salinera de Colombia, es decir, Zipaquirá. Ese primer trayecto duró aproximadamente 2 horas, pues la distancia entre ambos municipios es de 58 kilómetros; tiempo suficiente que se aprovechó para “ventanear”, y así deleitarse con los paisajes que ofrecía el camino.

Ruta al Neusa

Una vez llegamos a Zipaquirá, le preguntamos al conductor cómo podíamos llegar al embalse, pues la ruta no terminaba allí. Él, muy amablemente nos indicó que debíamos tomar un bus urbano, y que ese transporte pasaba cada media hora más o menos; así que nos dirigimos hacia el paradero indicado con la esperanza de que aun no hubiera pasado dicho bus, y así no tener que esperar más de lo previsto.

Pues estando en el paradero, y por preguntarle a alguien que estaba allí para confirmar cuál era el transporte, cometimos el error de subirnos al bus que no era. Se trataba de un colectivo urbano que nos dejaba a mitad de camino; así lo notamos cuando los demás pasajeros empezaron a descender del bus. No hubo qué más hacer, sino bajar del bus también.

<<¿Y ahora qué?>> Nos preguntamos con Maicol. Ante la mala noticia, decidimos comprar algunas cosas para merendar cuando llegaramos al embalse; pues habíamos averigüado que en el lugar había algunos restaurantes , pero los precios eran altos por ser un lugar turístico. Una vez comprados los alimentos, nos dispusimos a esperar otro bus que sí llegara hasta el Neusa.

Esperando el bus para el embalse

Para nuestra fortuna no tuvimos que esperar más de 5 minutos, cuando vimos venir el bus que debimos haber tomado en Zipaquirá; un alivio. El trayecto final hasta el embalse duró unos veinte minutos, aproximadamente, y por fin llegamos al destino planeado. El bus nos dejó en la taquilla del parque, así que fuimos a pagar nuestras entradas. Por cada visitante nacional son $6.000 pesos, y para extranjeros $13.000; muy barato para un lugar tan inspirador y rico en naturaleza. Después de ingresar, quedamos anonadados, impactados, asombrados, maravillados, estupefactos, y cualquier sinónimo más, pues es un lugar simplemente espectacular.

Para poner un poco en contexto, el Embalse del Neusa tiene casi 10km cuadrados de extensión, donde se pueden realizar múltiples actividades al aire libre, y está adornado por un paisaje sabanero increíble; era mucho lo que debíamos contemplar. Como queríamos encontrar un lugar alto para avistar el lugar de la mejor manera, seguimos las indicaciones hasta un mirador que quedaba a unos 2 km desde la entrada del parque; a caminar se dijo.

Entrada del parque
Daban ganas de sentarse ahí

Cuando subimos a lo más alto, nos dimos cuenta inmediatamente, que en efecto, era una vista maravillosa. No exagero cuando digo que, cuando vi esos paisajes quedé realmente asombrado. Ese lugar parecía el típico paisaje de una foto predeterminada de fondo de escritorio de Windows. El agua se veía tan calma y de un tono turquesa que contrastaba perfectamente con los tonos verdes de la vegetación que rodeaba todo el lugar. Desde la cima solo se escuchaba una brisa tranquila y el sonido de algunas aves; sin duda, fue toda una conexión directa con el ambiente natural.

IN-CRE-Í-BLE
Una paz sinigual
Paz

Allí permanecimos un buen rato, admirando el paisaje, sacando algunas fotos y grabando unos videos, pues un lugar como estos, sin duda, es memorable. Comimos lo que teníamos guardado y compramos a mitad de camino: unas papas fritas, una gaseosa y algunas golosinas; teníamos mucha hambre, y la subida hasta la cima nos había dejado exhaustos.

Después del mirador, bajamos a la entrada del parque y caminamos poco más de unos 500 metros. Allí hay un servicio de paseo en lancha, y pues nos animamos a subirnos a una junto con otro grupo de visitantes. El trayecto constaba de llegar hasta la mitad del embalse, y “darle la vuelta” a una especie de isla que se situaba en mitad del agua, y regresar nuevamente.

Al agua

La última vez que había montado en una lancha había sido hace muchos años hasta ese momento, y sentir esa experiencia de navegar por el agua a toda velocidad nuevamente, fue muy emocionante. Pudimos sentir la grandeza del embalse estando sobre sus aguas durante unos veinte minutos, aproximadamente; claramente, valió la pena el paseo acuático.

Navegando el Neusa

Y bueno, despues de esas dos actividades en el parque, lastimosamente debíamos irnos, pues el tiempo había pasado muy rápido, y teníamos que tomar el último bus hacia Zipaquirá antes de la hora límite. Y efectivamente el bus llegó a las 5 de la tarde; nos subimos en el último transporte, afortunadamente, porque si no hubiera sido así, la historia habría sido “perdidos en el embalse”. Finalmente y después de un viaje largo de vuelta, regresamos a nuestra ciudad, después de un gran aventura más para contar.

Si te gustó este relato de viaje, déjame saberlo en los comentarios.

¡Hasta la próxima!

3 comentarios en “Explorando el Neusa

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