El ascensor: memorias oscuras

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Tomado de pexels.com


Tomó el trozo de papel con la mano temblando de susto. Era otro mensaje misterioso, escrito de la misma manera como el primero que halló en el pasillo. Se dio cuenta rápidamente que ambas frases parecían tener algún tipo de conexión, pero para comprobarlo tenía que salir del apartamento, y debía hacerlo inmediatamente.

Agarró el revólver, giró el tambor y cargó cada una de las recámaras. Guardó el resto de balas en sus bolsillos, rompió el mensaje en pedazos y salió de la habitación. Se dirigió a la cocina y tomó un cuchillo del lavaplatos, pues quería estar bien preparado para enfrentar lo que fuera que estuviese aguardando por él allí afuera.

Salió del 15-06 y el corredor no estaba iluminado, pero tampoco se veía aquella densa bruma de oscuridad que lo había aterrorizado en el octavo piso. Empuñando el arma y caminando lentamente por el pasillo vio que las puertas del ascensor se abrieron. Tomó cautela y sigilosamente empezó a andar por la pared, pues una pequeña silueta se proyectaba como si alguien o algo estuviera en el interior del elevador.

Cuando por fin se acercó lo suficiente a las puertas, se dio la vuelta rápidamente apuntando con el revólver. No había nadie, y lo que estaba proyectando sombra era una linterna en el suelo que iluminaba intermitentemente. La tomó, entró y marcó en el panel el número 8, pues tenía el mal presentimiento que donde comenzó la pesadilla, allí mismo terminaría.

Los segundos parecían minutos mientras el ascensor descendía al octavo piso, y aunque Antonio no sabía con qué podía encontrarse en esa planta, estaba decidido a poner fin, de una vez por todas, con el tormento que había empezado en un simple elevador. Y cuando quitó el seguro del revólver, las puertas se abrieron.

La oscuridad aún era palpable, muy densa y se acumulaba por todo el lugar. Antonio salió del ascensor y comenzó a caminar lentamente, cuidando cada paso, observando minuciosamente cada detalle e intentando no hacer ruido, pues no quería alertar a lo que fuera que estuviera esperando por él allí.

Ya estaba a pocos pasos de su apartamento, el 801, cuando de repente, sintió un viento helado que le rozó rápidamente los oídos. Se giró de inmediato iluminando su alrededor, pero no había nada. Continúo, y justo cuando sacaba las llaves del bolsillo para ingresar al apartamento, escuchó las puertas del ascensor abrirse y cerrarse repetidamente.

Con desespero introdujo la llave en la cerradura y entró a su casa. Aunque el temor no cesaba de crecer en esos momentos, Antonio esperaba que la puerta se abriera en cualquier momento y estaba listo para disparar. Y entonces, segundos después, por debajo de la puerta empezó a entrar la niebla, y también una serie de silbidos muy agudos comenzaron a escucharse.

El sonido era ensordecedor, y aquellos pitidos que retumbaban en sus oídos, se adentraban en su mente rápidamente, y se apoderaban de su consciencia. En medio del ruido, Antonio decidió salir del apartamento para encontrar la fuente de tan estrepitosos zumbidos, pues estaba seguro que al hallar la procedencia de estos, estaría cerca de acabar con el origen de la pesadilla en el edificio.

Se abrió paso lentamente entre la oscuridad con la poca luz que aun irradiaba la linterna, los silbidos continuaban, pero a medida que se acercaba al elevador, los sonidos se atenuaban hasta que, cuando llegó a las puertas del ascensor, desaparecieron. Antonio entró e inmediatamente las puertas se cerraron, y el panel marcaba el último piso del edificio, es decir, la zona del estacionamiento.

Aquello que lo había estado atormentando todas esas horas, le había citado allí, Antonio no dudaba de ello, y estaba armado de valor para enfrentarlo de una vez por todas. Apuntaba con el revólver a la espera de que las puertas se abrieran, mientras el elevador descendía velozmente.

El ascensor llegó a su destino. Parecía no haber nada extraño, y la bruma oscura que se había instalado en los pisos superiores, no estaba presente en el aparcamiento. Antonio, guardó su linterna y con las dos manos aseguraba el arma, avanzaba lentamente y con mucho sigilo buscaba algo inusual en medio de tantos autos, y así fue.

Uno de los carros cerca de la salida del edificio, estaba con el baúl abierto. Se acercó con cautela, y vio que en el interior había un trozo de papel, exactamente igual a los que había visto antes en diferentes partes del edificio, y este ponía: “Es el momento”. Y estaba convencido de ello, era el momento de enfrentar al desconocido enemigo.

Cuando terminó de observar la nota, Antonio sintió como si alguien estuviera detrás de él, se volteó y pudo ver frente a frente al tormento que le había estado agobiando todo ese tiempo.  Era un ser con silueta humana, de alta estatura, su imagen estaba rodeada de sombras que se movían por todo su contorno y no tenía un rostro definido. Antonio, perplejo al verlo, comenzó a disparar mientras éste se acercaba a él lentamente, sin intención aparente de atacarlo.

Y sucedía algo singular que Antonio no podía comprender. Cada vez que acertaba un tiro en en esa extraña criatura, venían a su mente los recuerdos más tristes, decepcionantes, angustiosos y desagradables de su vida. En cada disparo, se desencadenaban memorias que ni él mismo quería evocar, momentos que jamás pensó que llegarían a invadir nuevamente su mente.

Parecía que su mente se oscurecía nuevamente, y aquellas reminiscencias lamentables se apropiaban de él sin poder detenerlas. Mientras tanto, el ser extraño no parecía estar herido por los disparos de Antonio, y se aproximaba cada vez más a él, sin mostrar alguna señal de querer matarlo.

Ante el desespero de ver que sus disparos no le causaban daño, y con el poco juicio que lograba controlar, Antonio sacó el cuchillo que había tomado en el 15-06, y sin pensarlo un instante, se abalanzó sobre el ser y se lo incrustó en el cuerpo. Las sombras del sujeto se detuvieron y Antonio se desprendió de éste inmediatamente.

En el suelo, y temeroso ante lo que podía suceder, salió corriendo deprisa hacia el ascensor nuevamente. Sin embargo, el ser permanecía inmóvil después de recibir la cuchillada, y súbitamente, las sombras que lo conformaban comenzaron a unificarse. Al ver ello, se apresuró más y consiguió entrar al ascensor.

Marcó todos los botones del panel con desesperación, pero antes de que las puertas se cerraran, vio en cuestión de un parpadeo, como una sombra desenfrenada se dirigía hacia él y lograba adentrarse en el elevador. La oscuridad se apoderó del ascensor, mientras él estaba allí, inconsciente en medio de la bruma oscura que le rodeaba.

Pasó un largo tiempo, y Antonio poco a poco recuperaba la consciencia, empezó a mover sus ojos sin abrirlos, y sentía que estaba en otro lugar, y en un momento distinto también. Comenzó a pestañear hasta que tuvo lucidez, y se percató de algo aterrador: él estaba ahí, saliendo de su apartamento, ojeroso, con aliento alcoholizado y el cabello desordenado, después de la fiesta de cumpleaños de la vecina coqueta del 903.


Por: Felipe Espitia

Licencia de Creative Commons
El ascensor: memorias oscuras by Felip Espitia is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional License.
Creado a partir de la obra en https://ciudadelapoetica.wordpress.com/2019/02/11/el-ascensor-memorias-oscuras/.

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