El ascensor

Tomado de: freeimages.com

Son casi las ocho de la mañana, y todo transcurre con normalidad dentro del Edificio Bento, un predio residencial de gran prestigio que se encuentra ubicado en pleno centro de la ciudad. A dicha hora, la mayoría de los residentes empiezan a salir de sus apartamentos rumbo a sus respectivos trabajos, escuelas y demás lugares que forman parte de la cotidianidad capitalina.

Antonio, un estudiante que cursa la facultad de Arquitectura en inmediaciones a la zona universitaria de la capital, se disponía a salir del 801, el apartamento en el que vive hace un año y medio. Está a punto de salir de casa, con ojeras hasta los pómulos, aliento alcoholizado y el cabello desordenado, después de haber pasado una noche de tragos en el 903, y lo único que cree recordar es que la noche anterior había estado en la fiesta de cumpleaños de alguna vecina.

Al cerrar la puerta, organizó un poco su ropa, se colocó los audífonos, comenzó a mascar un chicle duro que estaba enredado entre su llavero, y se dirigió a tomar el ascensor. En cuanto esperaba el elevador bajar del catorceavo piso, pasaban algunos vecinos y lo saludaban, y uno de los guardias del edificio que recorría el corredor les deseaba s a todos los propietarios un feliz día.

Por fin, el ascensor bajó a la octava planta y Antonio lo tomó. Dentro del mismo, se encontraba la vecina del cumpleaños, quien no dudó en empezar a conversar con él y le agradecía por haber asistido a su fiesta; que le había parecido un chico muy divertido y simpático, y que lo esperaría en su apartamento cuando él quisiera.

La vecina coqueta se bajó en la cuarta planta, y los demás residentes que iban con él, también descendieron en diferentes pisos. Antonio había solicitado al ascensor parar en la zona del parqueadero, sin embargo cuando el elevador iba por el segundo piso, súbitamente, se apagaron las luces dentro del mismo.

Iba tan concentrado en su música y revisando su teléfono, que ni se había percatado que los otros vecinos ya habían bajado del ascensor. Cuando se vio a oscuras tan repentinamente, sintió un temor que le atravesó de pies a cabeza en cuestión de unos pocos instantes. Cerró los ojos, esperando de alguna manera, sobrellevar el miedo así.

Pasaban los minutos lentamente, y la angustia en su pecho iba creciendo. Se sostenía de la baranda que rodeaba el interior del elevador, temblando del pánico no sabía qué hacer, si gritar o llorar. Pese a todo, guardaba la esperanza de que se tratara de un simple fallo eléctrico momentáneo y que los encargados del predio irían en su ayuda, en cuanto supieran del problema.

Al cabo de unos diez minutos, Antonio abrió los ojos porque ya no resistía más estar así, con la incertidumbre y desesperación dando vueltas en su mente. Para su sorpresa, el elevador ya estaba iluminado y el único botón en el panel que estaba marcado era el del octavo piso.

Apretó el botón de abrir las puertas. Su garganta se cerró, su boca se puso seca y nuevamente sintió un escalofrío que corría por su cuerpo. El pasillo se encontraba en completa oscuridad, e incluso se podía palpar una densa bruma que se acumulaba por toda la octava planta. No se oía una sola voz, ni un solo sonido en el ambiente.

Encendió la linterna de su teléfono rápidamente, dio pasos lentos y temblorosos hasta salir del ascensor. Lo único que pensaba en ese momento era llegar al 801 para recuperar algo de calma, buscaba entrar a su refugio para esconderse de la oscura realidad que le estaba rodeando.

Cuando ya había recorrido la mitad del corredor, vio que las puertas del ascensor se abrían, pero no había nadie cerca, no se escuchaban otros pasos. Corrió hasta el elevador, entró en él y las puertas no se cerraban porque el panel parecía no funcionar.

Con el teléfono en mano no sabía qué hacer ahora, si correr a buscar su apartamento o quedarse resguardado en la única fuente de luz presente. Su mente se nublaba cada vez más, y el desespero se apoderaba de él con mayor intensidad…

De pronto, se escuchó un estruendoso golpe, como cuando cierran una puerta fuertemente. La vibración del golpe se dispersó por todo el octavo piso hasta que llegó a sus oídos. Cayó inconsciente… Después de unos minutos volvió en sí, y observó que el panel estaba marcando el piso quince, el último de la torre.

Se abrieron nuevamente las puertas, y entonces…


Continuará

Por: Felipe Espitia

 

Licencia de Creative Commons
El ascensor by Felipe Espitia is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional License.
Creado a partir de la obra en https://ciudadelapoetica.wordpress.com/2018/12/28/el-ascensor/.

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