Estación Calle 85 - Foto de David Cotos - https://www.instagram.com/davidcotos/
Bogotá, Portal de Transmilenio – Calle 85.  Foto de David Cotos: https://www.instagram.com/davidcotos/

El infeliz despertador no sonó a tiempo, como suele hacerlo los lunes; ya es tarde para salir a la oficina. Hasta ahora estoy desayunando, a medias, mientras miro el reloj marcando las seis de la mañana. Rápidamente termino de alistarme, tomo las llaves y salgo corriendo del apartamento; bajo las escaleras como si hubiese visto al mismísimo demonio.

Me encuentro realmente afanado, angustiado, y hasta algo airado; una maravillosa manera de comenzar el día. Camino a paso largo por las siete cuadras que preceden el portal de buses,  y no sé por qué no estoy corriendo; ha de ser por eso del que dirán, la gente pensaría que ahí va  un loco desquiciado corriendo, como huyendo de una tragedia.

Casi sudando y fastidiado por la caminata rápida, por fin pude llegar a la estación; tenía ansías increíbles de llegar al trabajo, y era algo poco frecuente en mí. Saqué mi teléfono para consultar una ruta rápida, un trayecto corto y eficiente para llegar puntal; solo quería estar en el cubículo a tiempo para el saludo habitual de mi jefe.

Hay una cosa que todo terrenal sabe, y es que en los momentos de angustia y afán, las peores cosas pueden pasar; y pues bueno, así fue, comenzó una serie de infortunios en esos momentos. La aplicación del móvil estaba fallando, así que debí acudir al mapa de rutas, un plano con cientos de líneas coloridas e indicaciones confusas que pocos usuarios lograban entender.

Comenzó a llover de manera imponente, las gotas caían como grandes agujas sobre las vías y los demás usuarios del sistema, se encontraban tan desesperados, tan impotentes como yo. El bus estaba tardando más de lo normal, tal vez la lluvia retrasaba la movilidad o qué se yo, pero cada vez me impacientaba con fervor; para colmo de males, ya faltaba un cuarto para las siete.

Decidí resignarme, aceptar que iba a llegar tarde, tomar la situación con más calma y empezar a pensar en una excusa para la inminente llegada a destiempo. Se veía como las personas se quejaban, manoteaban, gesticulaban de rabia y entre ellas se decían frases como: ‘’Este  sistema si es lento, pésimo. ’’, ‘’Hijuemadre bus, ¿qué pasa que no llega?, ‘’No entienden que uno va de afán para el trabajo. ’’ Y los comprendía porque en semejante espera, lo único que se podía hacer para desahogar la inconformidad, era blasfemar en contra del sistema.

Después de unos treinta eternos minutos, se acercaba el bus y empezó a visualizarse esa atmósfera habitual en la estación, esa tensión que antecede los malos momentos; el calvario de todos los días se aproximaba. El estrés empieza a recorrer cada parte del cuerpo en el pasajero regular, y en aquellos instantes, me invadió un sinsabor  y el ceño fruncí, cuando el B10 abrió sus puertas frente a mí […]

Continuará…

Felipe Espitia

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Basada en una obra en https://ciudadelapoetica.wordpress.com/2016/01/15/pasajero-frecuente/.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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